Quiso el buen Dios crear nuevos adanes
y evas que su nuevo Paraiso
con esmero y amor bien le cuidasen.
Tomó la mansedumbre del taíno:
en un crísol la echó para mezclarla
con la ambición y lengua del ibero.
Ritmo y sabor le dió con negra raza
y sonrió...¡Creó al puertorriqueño!
WILO/2000